Hace unos años me enteré que existía este Día, antes no había reparado en esta fecha, ya que hace tres años la diabetes entró a mi familia, nadie la invitó, se invitó sola, y se empecinó en acompañar a Valentina, mi hija, la más pequeña de la familia, con solo dos años, se encontró con esta enfermedad, como dice un escritor español que escribe sobre este tema: “Diabetes no eres bienvenida” pero ya estás aquí y no te podemos esquivar….

Si bien Valentina era muy pequeña, no le costó mucho adaptarse a esta nueva forma de vida.

Los niños con diabetes son insulinodependiente. Esto significa que se les debe colocar insulina a la mañana y a la noche, para esto tenemos unas lapiceras (son como jeringas) que tienen insulina.

Antes de colocar la insulina tenemos que controlar la glucosa en sangre: 4 veces al día, se hace pinchándole el dedito antes de cada comida: desayuno, almuerzo merienda y cena.

Cuando Valen tuvo el Debut Diabetológico, así le llaman cuando se te declara esta enfermedad, estuvo 15 días internada, esto fue hasta que normalizaron mediante la insulina la glucosa en su sangre, también nos enseñaron lo que es la diabetes, a medirle la glucosa, a inyectarle la insulina, y lo demás fue saliendo del día a día…. Parecía terrible, pero con el tiempo, fuimos aprendiendo todos a convivir con esto, a tener horarios, a comer sano, a evitar golosinas, a tener paciencia… sobre todo paciencia, porque a nadie le gusta que lo estén pinchando tan seguido en el mismo día y todos los días, pero debemos entender que esa es su forma de estar controlada y de esto depende su salud.

Gracias a Dios y a todos los que la rodean y la cuidan ella puede llevar una vida normal, su hermana, sus niñeras, su abuela, sus tíos, tíos abuelos, sus amiguitos sus compañeritos del jardín, sus maestras del jardín, su pediatra y su diabetóloga y en especial al doctor Diego Herrera que él fue quien nos acompañó los 15 días que estuvimos internadas, fue él el encargado de enseñarnos, hablarnos, nos habló mucho, mucho se tomaba el tiempo que fuera necesario para estar con nosotras y para que entendiéramos ( mi sicoloca dice que yo no estuve internada, que Valen era quien estaba internada, pero yo insisto en que también estuve, ya que solo iba un ratito los miércoles a casa, y después el sábado hasta el domingo a la tarde, y después volvía al sanatorio)

Con esta enfermedad en la familia, en lo personal, aprendí a vivir el día a día, ya que para un diabético todos los días no son iguales, tiene mucho que ver, sus estados de ánimo, el ejercicio que realice, lo que coma o esté por comer, entonces en base a esto se va viendo qué cantidad de insulina se le colocará. A mí como mamá se me hizo difícil, porque los médicos aconsejan que la madre se debe quedar en la casa acompañando al niño, y yo francamente necesito trabajar, no puedo no trabajar, si bien la obra social cubre las insulinas y hace un importante descuento en las tiras reactivas que son las que utilizamos para medir la glucosa, hacen falta otras cosas que hacen a que podamos llevar una vida sana… Estuve un mes y medio sin trabajar después de la enfermedad, pero después decidí ir a trabajar y gracias a que mamá Paola Baez, (ella es la persona que cuida a Valen desde los 9 meses) se animó a medir e inyectarle insulina si era necesario, gracias a ella y a mi mamá que se quedaban en mi casa yo pude volver a trabajar, pero puedo asegurar que cada Domingo pensaba, no voy a poder, no voy a poder ir a trabajar mañana, como voy a hacer mañana? Pero sí se puede, se puede porque tengo en quien confiar…

Y así fue como se fue dando todo, paso a paso, Valen cumplió tres años y empezó el jardín, y aunque muchos decían es muy chiquita, y su enfermedad… sigo insistiendo y procuro que haga una vida dentro de lo posible, Lo más normal posible, y gracias a las seños de su jardín de infantes el Sapito Verde, ella empezó y sigue en el jardín, y este año se queda a las clases extracurricular hasta las 17:30 hs. También festeja cumpleaños de sus compañeritos. Esto, y otras cosas más hacen a que ella pueda hacer una vida bastante normal..

A veces, Valen se despierta a la mañana y yo tengo que poner mi mejor sonrisa, agarrarle la manito, pincharle el dedito para medir la glucosa y después colocarle la insulina en la pancita o en la pierna, y sí, puede que ella se ponga a llorar y reniegue, si bien a mi me dá tristeza porque pienso que no tendría porque, siendo tan chiquita tenga que estar pasando por eso, pero.... estamos en el baile y hay que bailar, no queda otra, para que ella esté bien debo colocarle la insulina...

Espero no haber cansado con todo lo que les conté, muchos ya saben esta historia, y otros se estarán enterando, les conté esto desde el corazón, de lo que me fue pasando todo este tiempo , siendo mamá de una nena con diabetes…

Solo tengo agradecimientos para todos los que me escuchan, me acompañan, y en este caso me leen….

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