La visión de la ciencia

El poder terapéutico del abrazo y el contacto está siendo objeto
de estudio de prestigiosas universidades en los últimos tiempos.
Como si de verdad empezáramos a estar de vuelta de la ciencia
disociada de los valores esenciales, de la tecnología distante
y la medicación a gran escala, ciencia y consciencia,
materia y espíritu comienzan a darse la mano.
Para que este proceso continúe, para que sus beneficios
revolucionen nuestra cultura debemos estar informados
y actuar en consecuencia.

El “Instituto de Investigación sobre el contacto”
de la Escuela Universitaria de Medicina de Miami ha llevado a cabo
más de 100 estudios sobre los efectos del contacto
en la recuperación de la salud. Las cifras de los estudios alientan
a considerar el abrazo, las caricias y el contacto
como una medicina imperial. Las cifras hablan de un mejor 
y más rápido crecimiento en bebés prematuros,
aumento de la analgesia en pacientes con dolor,
mejoría de los niveles de glucosa en niños con diabetes,
mejoría del sistema inmune en pacientes con cáncer,
entre otros efectos constatados.

El abrazo y el contacto son formas esenciales de ofrecer
soporte afectivo, es precisamente el soporte afectivo
el indicador esencial en estudios masivos sobre epidemiología
para explicar la buena salud (muy por encima de la dieta
y de los hábitos deportivos). En relación al soporte afectivo
el Dr. David Spiegel, de la Universidad de Stanford fue pionero
en observar la correlación entre mayor longevidad
y apoyo terapéutico grupal en mujeres con cáncer
metastático de mama. El estudio estaba destinado a demostrar
que expresar sentimientos, sentirse acompañado,
tener contacto afectivo mejoraba la calidad de vida
y disminuía el dolor. Lo que el estudio sin embargo demostró,
para asombro del propio Spiegel, no fue sólo que el dolor 
se redujo en un 50% sino que las pacientes vivieron el doble
(las mujeres del grupo de control vivían un promedio de 18.9 meses,
en tanto que las del grupo que recibía terapia de apoyo
vivían 36.6 meses).

Dime como abrazas…

¿Abrazamos? ¿A quienes abrazamos? ¿Con que frecuencia abrazamos?
¿Cómo abrazamos? Estas preguntas importan y tener el valor de formularlas,
cada quien en el altar de su silencio, aguardando con total honestidad
las respuestas, es el camino para evolucionar.
Muchas veces se define la meditación como esa práctica matutina
hecha con tal o cual procedimiento según la escuela,
eso en realidad es sólo un entrenamiento para la verdadera meditación
que consiste en el arte de estar atento en todo momento.
Observar, observarse, ver y comprender las señales que la vida 
nos envía a través del diseño único de nuestras relaciones,
es el camino para ascender a un nuevo nivel de consciencia.

Si para creer hay que observar y para generar un correcto campo
de observación hay que formular las preguntas correctas reflexionemos
en la que la que más importa, la del como.
Respondiendo a ¿como abrazamos? respondemos a todo…
podríamos casi decir “dime como abrazas y te diré quien eres”.

Uno abraza a otros como abraza la vida.

Uno abraza la vida como se abraza.

Hay infinidad de formas de abrazar que podríamos agrupar
en tres categorías básicas:

Abrazo físico – Sería aquel en que la consciencia, el énfasis,
está en el cuerpo. Suelen ser cortos, fuertes y muchas veces
son fríos ya que no se ponen en juego partes más profundas del ser.
La respiración es superficial.

Abrazo emocional – Es como su nombre indica altamente emotivo,
puede estar cargado de una serie de emociones
que nos causan dolor como tristeza, angustia de separación
o incluso de miedo. Con frecuencia comienza con dificultades
para respirar y sollozos, que suelen desembocar
en un liberador llanto hondo. En otros casos es el abrazo con el que
compartimos una alegría, una buena noticia;
suele ser dinámico y más corto que el anterior.

Abrazo del alma – El alma tiene dos cordones por los que está conectada
siempre a la triple personalidad, el hilo de vida que se ancla en el corazón
(4º centro) y el hilo de consciencia que se ancla en el séptimo centro (cabeza).
Ambos se emplean durante el abrazo que involucra
la consciencia meditativa o superior.
Abrazar desde el alma no es una técnica es un modo de ser y de vivir,
sin embargo hay –como en las prácticas meditativas–
ciertas pautas que pueden ayudarnos a enfocar la consciencia
y la energía. Lo fundamental insistimos, es la intención,
y la mejor intención es siempre la más pura,
la más amorosa y la más desapegada, con la intención correcta basta.

Con o sin visualización, con o sin conocimiento de que centros
están implicados (y cómo y porqué), lo esencial es que una vez
que estemos centrados, que nuestra respiración es profunda y pausada,
(y que está centrada en el corazón) estamos prontos para abrazar.
Es muy bueno procurar un buen acoplamiento
en el momento del encuentro que nos permita tener el peso del cuerpo 
bien repartido entre las dos piernas de tal forma que nuestra consciencia
no esté en sostener el equilibrio, sino en fluir, dar,
celebrar el instante único. Cerramos los ojos y con máxima reverencia
acogemos al otro como si le recibiéramos en nuestro templo,
ingresando a la vez en su templo. Abrazamos con la fuerza justa,
como si sostuviéramos en la mano a un pájaro,
ni tan flojo que se nos vuele, ni tan apretado que se lastime.
Somos conscientes de que el Padre está en nosotros y su fuerza,
el masculino en nosotros, se emite a través de la mano derecha.
Somos igualmente conscientes de la Madre en nosotros,
de que su ternura, su aceptación,
se trasmite a través de la mano izquierda.

Somos conscientes de la energía que recibimos a través de la respiración,
sentimos su gratuidad, sentimos que es un regalo que ha estado allí
siempre para nosotros y descubrimos que podemos vivirla
y enriquecerla con nuestro colorido de una forma única en cada abrazo.
“No es posible bañarse dos veces en el mismo río” dice el aforismo,
tampoco es posible volver a vivir el mismo abrazo.

En la quietud de sentir nuestra respiración y con devoción
por la vida del otro simplemente dejamos el amor fluir.
Sentimos que completamos al otro, que somos justo
lo que en ese momento necesita, sentimos que el otro nos completa,
por lo que nos da, por lo que nos permite dar, por ser el que es.
Permanecemos en ese sentir y gradualmente los dos campos de energía
se armonizan hasta que, en algunas ocasiones,
ya no hay dos que respiran sino una única respiración
que acontece entre ambos.
Ya no hay dos campos de energía sino una sola nube de paz,
ya no hay tiempo, ni sonidos, sino una profunda quietud que baña
cada una de nuestras células con la vibración del alma.

Abrazarnos

Decíamos que la del cómo era la pregunta que responde
a todas las preguntas. Si abrazamos bien abrazamos mucho,
por descontado. Si abrazamos bien abrazamos a muchos,
eso es bien seguro. Si abrazamos bien estamos disponibles casi siempre,
eso es seguro. Así quizás la siguiente pregunta sería
¿cómo vivir para abrazar bien?

Uno abraza a otros como abraza la vida.
Uno abraza la vida como se abraza.

¿Te abrazas? ¿Te aprecias, te conoces?
Si no nos conocemos no conocemos nuestras necesidades reales,
no cuidamos de nosotros, no nos nutrimos.
Si desconocemos nuestras necesidades reales empleamos nuestro tiempo 
y nuestra energía, procurando satisfacer necesidades falsas,
necesidades que parten del no ser,
que tienen que ver con programaciones, deseos de otros,
reclamos surgidos desde la coraza del carácter.
Así nos alejamos del corazón, de la autenticidad,
de la unicidad, de la realización.

Si no nos abrazamos y abrazamos la vida es porque no hubo alguien
en nuestro origen que nos abrazara desde el alma,
con frecuencia, con amor. Y está bien, si lo admitimos,
si lo tomamos como punto de partida, está bien.
No es necesario renunciar, no es inteligente seguir huyendo,
no es constructivo negar las carencias.
El primer movimiento para recibir ayuda real 
es creer que otra vida es posible, que otro mundo es posible.
El segundo movimiento es elegirlo,
vencer las falsas creencias de no merecerlo, abrirse.

Abrazar es estar abierto. Abrazar es dejarse abrazar y dejarse abrazar.
Es vincularse desde dentro y dejarse conmover.
Es dejarse tocar, no con la piel sino con el corazón y los sueños,
no en la piel sino en el corazón y el alma.

Si te dejas tocar por el alma, el alma está en ti, su fuego nutre
tu corazón y canta a cada una de tus células.
Tu calor enciende a aquellos que miras, que tocas, que abrazas.
Tu ejemplo inspira. Tu companía nutre. Tu presencia acompaña.
Tu sonrisa ilumina. Tu alegría contagia.

Si te abrazas, si te quieres, si te reconoces, abrazas lo que te conviene,
lo que te construye. Abrazar la verdad nos libera.
Abrazar la responsabilidad nos madura.
Abrazar el esfuerzo nos lleva a la fortaleza y la eficacia.
Abrazar la sinceridad, la empatía y la apertura nos lleva a la amistad.
Abrazar la inofensividad, la responsabilidad,
la reciprocidad y la entrega lleva al amor.
Abrazar el amor nos protege del falso amor,
ese que siendo dependencia, apego, idealización nos niega,
nos debilita y nos empobrece. Abrazar el amor es abrazar a un tiempo
la valentía y la bondad ya que el amor no teme,
el amor salvaguarda lo justo, lo noble, lo bueno.
Abrazar el amor es ser testigo de Dios, mensajero de Dios,
discípulo de Dios y serlo en el silencio magno del ejemplo.

Actuar en consecuencia

Si el contacto, el abrazo y el soporte afectivo prolongan
la vida en caso de metástasis, si tienen un poder analgésico
incluso para dolores severos, si mejoran el sistema inmunológico,
si nos hacen sentir bien, más seguros, más queridos, más valiosos,
más conectados a la vida ¿a que estamos esperando?

Podríamos hoy dejar de poner tanto énfasis en las cremas,
las dietas, la ropa, los gimnasios, el dinero y tantas otras cosas 
y regresar a la verdad esencial, nos necesitamos.
Necesitamos los unos de los otros. Expresar afecto, abrazar, dar,
estar disponible, ser cordial, ser cálido es esencial para sanar la vida.

Podemos aumentar ingresar al ritual sagrado del abrazo
de muchas formas. Hemos de abrazar mucho a nuestros hijos 
y acariciar a nuestras mascotas, los más pequeños siempre
se nutren de nuestro amor, lo necesitan.
Podemos contagiarnos unos a otros de las ganas de abrazar
y ser abrazado, podemos fluir, experimentar, abrirnos,
descubrirnos y sanarnos.

No aceptemos médicos distantes, no nos conformemos
con profesores indiferentes,
no permanezcamos en matrimonios inhabitados,
abracemos la vida y elijamos gente que abrace la vida.
El mundo es nuestro mundo, nuestra construcción.

Isabella Di Carlo Psicóloga Transpersonal y Escritora.


Gracias Ana Ester Kavapil (miembro y amiga de ESTUDIABETES) por este correo.


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Respuestas a esta discusión

Gracias amiga, es lo que hay que hacer a diario. Yo lo hago con mis viejos en mi trabajo y realmente un abrazo para
algunos parece tonto, pero de verdad para ellos es un regalo que les sana algunas heridas y dolores.
Un abrazo para ti Gladys y gracias por tu comentario.
Que bonito artículo.me encantó te felicito por el artículo del Abrazo es de verdad la mejor medicina y está tratado desde el fondo del alma y con una espiritualidad preciosa mil gracias por compartirnoslo.Guadalupe Fernández Villanueva
Gracias Guada. Este mensaje me lo ha enviado otra gran amiga: Ana. Y aquí está para compartirlo.
Un abrazo desde Argentina.

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