Uno de los mayores temores cuando se ha diagnosticado la diabetes es perder la vista… no nos imaginamos nuestras acciones en el mundo sin poder ver y apreciar todo nuestro entorno. Tan solo imagínate ¿qué pasaría si te cubrieras los ojos y anduvieras un buen rato a ciegas? Seguramente te desesperarías y te sentirías inútil e incapaz de hacer las cosas por ti mismo.
Por ello, es sin duda uno de los primeros temores que sobresaltan nuestro pensamiento cuando se está ante tal diagnóstico, ya que es bien sabido que la diabetes daña diversos órganos y entre ellos nuestros ojos, provocando glaucoma, cataratas y retinopatía diabética, las cuales pueden provocar ceguera.
Pero que no te invada el miedo, mejor toma tus precauciones e infórmate sobre cómo evitar ese desenlace.
¿Qué es la retinopatía diabética?
Para conocer este trastorno es primordial que sepas qué es la retina y de qué manera es útil en los ojos. En la retina están las células visuales que nos permiten captar lo que vemos, es decir, en la retina la imagen que vemos se transforma en impulsos eléctricos que el nervio óptico transmite al cerebro, donde se captura y procesa la información para después enviarla de regreso transformada en imágenes. Además, la retina es muy frágil, por tanto, un daño en la retina impide que dicha información se procese obstaculizando la visión y el daño es irreversible.
Por ello es que la retinopatía diabética es un trastorno que se busca evitar cuando se tiene diabetes, pues la glucosa alta provoca micro hemorragias y micro infartos en la retina, es decir, a la retina le llegan no solo terminales nerviosas que permiten enviar el mensaje de la imagen al cerebro, sino que contiene vasos sanguíneos que se vuelven susceptibles de romperse, y como no nos damos cuenta esa sangre se queda ahí, como si fuera una cicatriz, la cual provoca que veas borroso y con el tiempo se puede dar la ceguera.
Por ello es importante que siempre estés vigilando, no solo tus niveles de glucosa, sino que lleves a cabo constantemente una revisión ocular, mediante la cual se puede determinar el tipo de retinopatía diabética. Existe la proliferativa (creciente) y la no proliferativa (no creciente), aunque ésta es la más común entre los diabéticos e incluso no requiere de tratamiento, pero puede sucederte lo contrario, es decir, que la retinopatía se vuelva proliferativa, la cual sí ocasiona con el tiempo pérdida de visión.
Cuando se nos diagnostica diabetes, en un principio solemos no hacer caso a las restricciones que debemos tener, lo que implica un cambio en el estilo de vida, pero si no eres consciente de ello serás presa de este trastorno ocular que en un inicio suele no manifestar síntomas, por ello es que avanza lentamente, sin embargo, toma en cuenta que los riesgos de desarrollar retinopatía diabética aumentan entre más tiempo tengas de padecer diabetes. Alrededor del 80% de las personas que han tenido diabetes durante por lo menos 15 años, presentan ya algún tipo de daño en los vasos sanguíneos de la retina.
Por ello ponte en acción y no descuides tus ojos, mantente alerta sobre todo si percibes que tu visión es borrosa, doble o ves manchas, si tus ojos te duelen y mantienes un constante enrojecimiento.
Desafortunadamente, la retinopatía diabética puede ser un trastorno que aparezca tarde que temprano, pues para evitarse tendríamos que curar en definitiva la diabetes. Pero como ésta es una enfermedad que solo podemos controlar para impedir sus complicaciones, es necesario tomar todas las medidas de seguridad como un buen control de la glucosa en sangre, control adecuado de la presión arterial alta y sobre todo, exámenes médicos constantes. Cuando la retinopatía diabética es detectada a tiempo, el tratamiento temprano es esencial para prevenir la ceguera, para lo cual tu médico puede sugerirte un estudio denominado angiografía con fluoresceína, que permite no solamente diagnosticar sino determinar el tipo de tratamiento a seguir, como una fotocoagulación laser, la cual consiste en que el rayo láser al ser enfocado en la retina selle los vasos sanguíneos o capilares que presentan fugas y con ello se reduce también su existencia.
Sin embargo, cuando el problema es más avanzado y severo, se requerirá de otro tipo de intervención como la crioterapia o la vitrectomía. La crioterapia es una terapia de frío y se utiliza cuando hay un gran depósito de sangre en el humor vítreo del ojo. La vitrectomía es una microcirugía que sirve para extraer el humor vítreo lleno de sangre y reemplazarlo con una solución transparente. Alrededor del 70% de los pacientes que se someten a este tipo de cirugía tienen éxito y logran mejorar su visión.
Ahora, ¡a cuidar tus ojos siguiendo las indicaciones que te da el médico!, lleva un buen control de tu glucosa, evita fumar y tomar bebidas alcohólicas y siempre acude a tu oftalmólogo para que te revise y no pierdas lo más valioso que tenemos: el tiempo, vital para que la enfermedad no avance sigilosamente.