Lo más probable es que estaría con sobrepeso.
Y es que también mi colesterol estaría por la nubes.
Sería una persona muy sedentaria, eso es seguro.
Tendría una alimentación muy poco saludable y para nada variada.
Mucha de la puntualidad y responsabilidad que me caracteriza no existiría.
La preocupación que siento por el prójimo quizás no sería tan marcada.
La costumbre de leer las etiquetas de los alimentos que ingiero sería nula.
No habría conocido a muchas de las maravillosas personas que conozco gracias a la diabetes.
Capaz que hasta fumaría.
No tendría la menor idea de la diferencia entre diabetes tipo 1 y diabetes tipo 2.
Probablemente miraría con pena y desdén a quienes sufren las consecuencias de una diabetes mal cuidada.
Pensaría que la diabetes es cosa de gente mayor.
Pensaría que las dieta diabética es lo peor.
Miraría a un pequeño que se inyecta insulina con lástima y más dolor que el que él mismo siente.
No entendería la preocupación de un padre al ver que su otro hijo, el “sano”, comienza a beber más agua de la normal y a ir de carreritas al baño…
Pensaría que pincharse los dedos varias veces al día, sacarse una gota de sangre, ponerla en una máquina y luego chuparse ese mismo dedo es lo más freak del mundo.
No entendería cómo es posible que alguien que “no puede comer azúcar, necesite precisamente azúcar para sentirse bien” .
Creería que estar “alto” es andar drogado y “bajo” deprimido…
Diría: “no, a mi no me va a dar esa cosa, si yo me cuido mucho, yo no como azúcar…”.
Creería que a todos los niños les da diabetes el día siguiente de Halloween…
Pensaría que las tiras que se usan para medir el azúcar en la sangre son “radiactivas” y no reactivas…
Creería que las lancetas son sólo esos aguijones que las abejas usan cuando se enojan con uno y lo pican…
Creería que el mercado de la diabetes está lleno de “tiburones” de los negocios y no conocería que de verdad hay algunos que son verdaderos ángeles de la guarda con nosotros.
No me preocuparía del embarazo de muchas de mis amigas, a menos que se sospechara que soy el padre de la criatura…
Creería que la culpa de la diabetes de los hijos es de los padres y de nadie y nada más.
Pensaría que las famosas 4P del diagnóstico (polidipsia, poliuria, polifagia y pérdida de peso) son simplemente una nueva forma de sacar la lengua como el ya clásico ![]()
Escucharía la palabra glucagón y pensaría en que es una nueva mala palabra.
Pensaría en un hombre con diabetes como un candidato seguro a tener serios problemas sexuales.
Recordaría a Bret Michaels sólo como el vocalista del grupo Poison y no porque tiene diabetes desde los 8 años y está bastante bien a pesar de algunos inconvenientes por ahí.
Imaginaría a una persona con diabetes parada en una fila por largo rato llenándose de hormigas que se le subirían por las piernas…
Diría: Pobre el chico de los Jonas Brothers, ojalá se cure luego y pueda seguir cantando con sus adorables hermanos…
Un bombero sería sólo la persona que apaga los incendios y no alguien que usa microinfusora de insulina…
Pensaría: que terrible esa enfermedad que le da a todos los humoristas y cantantes viejos, que terminan amputados, dializados y casi ciegos…
Glucómetro, HbA1c, glucemia capilar y muchas otras serían palabras muy técnicas y pensaría que mejor se las dejamos a los doctores y científicos no más…
Podrías seguir escribiendo, pero creo que ya está bueno, quizás ustedes pueden aportar lo suyo ![]()
No soy capaz de decir: “si volviera a nacer, me gustaría tener diabetes otra vez…”, pero la verdad es que después de más de 24 años no me imagino sin la diabetes en mi vida.
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