Imaginar en positivo

- Imagen: Jos van Galen -

Un grupo de científicos ha propuesto recientemente una explicación a por qué las personas sanas tienden a ser optimistas y, haciéndolo, ha dado con una posible causa de la depresión. Otros investigadores, por su parte, buscan la explicación, y parece que la encuentran, a por qué a menudo nos creamos expectativas que resultan falsas, ya sean sobre una película o sobre el próximo encuentro con un amante.

«Los humanos esperan acontecimientos positivos en el futuro incluso cuando no hay evidencias que apoyen estas expectativas», escribe Elisabeth Phelps, del departamento de Psicología de la Universidad de Nueva York (EE.UU.), en un artículo en la revista 'Nature'. Por ejemplo, estudios psicológicos realizados hasta ahora muestran que «la gente espera vivir más tiempo y en mejor estado de salud que la media, que subestiman sus posibilidades de divorciarse y que sobreestiman sus probabilidades de tener éxito en el mercado de trabajo». Esto, afirman los investigadores, es un hecho. La pregunta es, ¿por qué el cerebro humano muestra esta inclinación natural al optimismo?

Un optimismo 'moderado' se asocia a una buena salud física y mental

Una respuesta inmediata -y simplificada- es que, de no ser por un mínimo de optimismo, el ser humano no se esforzaría por encontrar sustento y pareja con la que reproducirse y tener éxito evolutivo. El optimismo vendría a ser, por tanto, una estrategia evolutiva. Una estrategia que debe estar bien ajustada, como explica Phelps: «un optimismo extremo puede ser peligroso, porque lleva a subestimar los riesgos y planificar mal. Por el contrario, una visión pesimista de las cosas se correlaciona con la gravedad de los síntomas de la depresión». De hecho, un optimismo 'moderado' se asocia a una buena salud física y mental.

La siguiente pregunta es ¿cómo se organiza el cerebro sano para ser optimista? La cuestión está relacionada con la capacidad de imaginar acontecimientos futuros, que a su vez depende de otra función: recuperar datos del archivo cerebral de acontecimientos pasados -la memoria, sea ésta consciente o no- y emplearlos para recrear, para generar una simulación, del futuro. Esto implica la activación de determinados circuitos cerebrales. Así, la hipótesis del equipo de Phelps para explicar el optimismo es que «en los optimistas, los circuitos neurológicos para simular el futuro son más activos cuando se imaginan acontecimientos positivos que negativos».

Para analizar esta idea los investigadores sometieron a varios sujetos a pruebas de resonancia magnética funcional, en las que se observaba el funcionamiento del cerebro mientras rememoraban experiencias personales pasadas positivas o negativas y, también, imaginaban acontecimientos futuros. Después de los escáneres cerebrales los sujetos respondieron a tests en los que valoraban lo positivo o no de las experiencias recordadas o recreadas (algo esencial para correlacionar lo que mostraban los escáneres con el estado de ánimo percibido).

Estos tests ya revelaron una mayor facilidad y disposición a simular los acontecimientos futuros positivos que negativos, algo que casa bien con el 'sesgo' cerebral hacia el optimismo. «Los acontecimientos futuros negativos fueron experimentados con una sensación subjetiva de pre-experimentación más débil [que los positivos], y era más común imaginarlos desde un punto de vista externo», escriben los investigadores. Esta tendencia era mucho más clara en los participantes catalogables -por otras pruebas psicológicas- como muy optimistas.

Áreas cerebrales implicadas

- Imagen: max brown -

En cuanto a los escáneres cerebrales realizados, éstos revelaron que las áreas más implicadas en el estado de ánimo optimista son la amígdala y el núcleo cingulado anterior rostral. La amígdala es una región clave sobre todo a la hora de 'teñir' de emociones los recuerdos, y en la toma de decisiones. Los resultados del trabajo de Elisabeth Phelps (departamento de Psicología de la Universidad de Nueva York) indican, en opinión de los investigadores, que además es importante en la simulación de acontecimientos futuros emocionales pero no de cualquier acontecimiento futuro, sino de los que impliquen emociones.

El núcleo cingulado anterior rostral está muy bien conectado con la amígdala y otras regiones que proporcionan información emocional. Ha sido asociado a tareas que implican reflexionar sobre uno mismo, como pensar en sueños e ilusiones, indicar preferencias o juzgar el grado de confianza que inspiran otras personas. Pero con los datos del trabajo ahora publicado Phelps sugiere que, a la hora de simular el futuro, este núcleo se ocupa de valorar la información autobiográfica, emocional y motivacional.

Y creen que es precisamente de esta área cerebral de donde parte la inclinación del cerebro hacia el optimismo: «en la actividad del núcleo cingulado anterior rostral durante la imaginación de acontecimientos futuros [...] subyace un sesgo en la atención dedicada a los acontecimientos futuros positivos frente a los negativos», escriben.

Errores a la hora de 'experimentar'

Al simular un acontecimiento futuro se piensa sólo en los primeros momentos de ese hecho

Puede que el cerebro sea en general optimista respecto a los grandes planes de la vida. Pero las pequeñas decisiones de la vida cotidiana también hacen trabajar la capacidad humana de 'pre-experimentar' el futuro: ¿voy o no a esa película? ¿Me gustará, o no? ¿Me lo pasaré bien en la cena de Navidad de la empresa? En este tipo de valoraciones el cerebro simplemente echa mano de la experiencia acumulada previamente (películas previas de ese director o actor; cenas de otros años), rememora si fue placentera o no, simula el acontecimiento futuro y en función de los datos disponibles emite un veredicto.

Un veredicto que a menudo se demuestra erróneo, porque al final la peli resulta aburrida o la cena a la que se asiste por obligación, muy divertida. Estos errores de juicios no son enteramente casuales. Psicólogos como Daniel T. Gilberth y Timothy D. Wilson, de las universidades de Cambridge y Virginia (EE.UU.) respectivamente, han estudiado por qué ocurren. Las conclusiones se han publicado en la revista 'Science' el pasado septiembre. Estos expertos explican que nuestras simulaciones del futuro no son representativas. Para simular y pre-experimentar el futuro recurrimos a los recuerdos, pero no a todos. Lo habitual es recordar más la última experiencia, o la peor o la mejor, con lo cual no nos estamos basando en recuerdos de grado emocional 'medio', sino en los extremos, no representativos. Eso introduce distorsiones en la simulación.

También revelan que sólo se simula lo esencial. Cuando imaginamos el concierto de ópera de la semana próxima pensamos en la música, el vestuario... pero no en las dificultades de encontrar aparcamiento, por ejemplo. Y estos detalles no esenciales pueden influir mucho en la experiencia real. Esto es especialmente acusado cuando se simulan acontecimientos muy lejanos en el tiempo, y por eso es tan frecuente el arrepentirse (o que dé pereza) de un determinado compromiso asumido tiempo atrás.

Asimismo, los psicólogos explican que las simulaciones son abreviadas. Al simular un acontecimiento futuro se piensa sólo en los primeros momentos de ese hecho, y se suele despreciar la capacidad de adaptación del organismo. Gilberth y Wilson ponen como ejemplo la simulación de quedarse paralítico tras un accidente. Es muy común imaginarse siendo mucho menos feliz de lo que lo son realmente las personas que no pueden caminar, por la tendencia a recrear sólo los primeros días tras el accidente.

TAMBIÉN EN DEPRESIÓN

- Imagen: Nadar / Flickr -

El interés de este trabajo no es sólo básico, porque resulta que las mismas áreas cerebrales que participan en el sesgo optimista se han relacionado con la depresión. Es un hecho que el pesimismo y la dificultad para imaginar con detalle acontecimientos futuros se consideran síntomas de la depresión.

Además, se ha sugerido también que detrás de la depresión podría estar un mal funcionamiento de las rutas neuronales que comunican el núcleo cingulado anterior rostral y la amígdala, porque ello llevaría a una mala regulación de este núcleo sobre las regiones implicadas en las emociones. Los nuevos resultados apoyan esta hipótesis, y «podrían proporcionar nuevas pistas sobre los mecanismos que intervienen en la depresión», escriben los investigadores en 'Nature'.


Etiquetas: Diabetes, depresión, y

Visitas: 46

Respuestas a esta discusión

Comparto un Estudio en referencia a este Tema:

La depresión puede afectar a casi todos los aspectos de la vida, pero algunos de los cambios provocados por el trastorno puede ser muy peligroso para las personas con diabetes .

Una nueva investigación ha encontrado que las personas con diabetes que están deprimidas tienen más de un 40 por ciento más riesgo de tener un grave nivel bajo de azúcar en sangre ( hipoglucemia ), episodio que les cae en el hospital en comparación con las personas con diabetes que no están deprimidas.

"La depresión es una condición muy común que acompaña a las personas con diabetes. Es importante saber que la depresión puede conducir a episodios de hipoglucemia", dijo el autor del estudio, el Dr. Wayne Katon, profesor de psiquiatría en la Universidad de la Escuela de Medicina de Washington en Seattle.

"Alrededor de una cuarta parte de los graves efectos secundarios de los medicamentos que llevan a las personas a una visita a urgencias u hospitalizaciones están relacionadas con caídas dramáticas en el azúcar en la sangre. Hipoglucemia es un problema peligroso y costoso. Y, para las personas con diabetes, la depresión aumenta el riesgo de graves hipoglucemia en un 40 por ciento en cinco años y conduce a un mayor número de episodios de hipoglucemia ", explicó.

Los resultados del estudio se publican en la edición de mayo / junio de la revista Annals of Family Medicine .

Las personas con diabetes generalmente toman medicamentos que ayudan a bajar sus niveles de azúcar en la sangre . Estos medicamentos pueden ser píldoras, o en el caso de la hormona insulina, las inyecciones. Sin embargo, a veces estos medicamentos funcionan demasiado bien, y caen los niveles de azúcar en la sangre demasiado bajos. Es el nivel de glucosa (azúcar) en la sangre que alimenta el cuerpo y el cerebro. Si no hay suficiente glucosa, el cuerpo y el cerebro no puede funcionar correctamente. Si los niveles de azúcar en la sangre bajan demasiado, la gente puede perder el conocimiento. Si el episodio de hipoglucemia es lo suficientemente grave, la gente incluso pueden morir.

Por lo tanto, alguien que vive con diabetes debe mantener un equilibrio entre los medicamentos que toman para bajar el azúcar en la sangre y lo que comen. Otros factores, como la actividad física y el estrés, también pueden afectar los niveles de azúcar en la sangre.

El estudio incluyó a poco más de 4.100 personas con diabetes. Cerca de 500 de estas personas cumplen los criterios para tener depresión mayor durante el período de estudio de cinco años.

La edad media de los voluntarios del estudio fue de 63, y la duración media de la diabetes fue de 10 años. La mayoría - 96 por ciento - tenían diabetes tipo 2 . Alrededor de un tercio estaban tomando insulina para controlar su diabetes. Sólo el 1,4 por ciento estaban experimentando complicaciones de la diabetes.

En los cinco años anteriores al inicio del estudio, el 8 por ciento de las personas con la depresión y la diabetes reportaron haber tenido un episodio de hipoglucemia grave en comparación con el 3 por ciento de las personas no deprimidas con diabetes. Durante el estudio de cinco años, casi el 11 por ciento de las personas deprimidas con diabetes tenían un episodio de hipoglucemia grave en comparación con poco más del 6 por ciento de las personas no deprimidas con diabetes.
El riesgo de hipoglucemia no fue afectado por el tipo de tratamiento recibido. Las personas que toman medicamentos orales tenían la misma probabilidad de tener un episodio de hipoglucemia como los que usan insulina, según el estudio.

En general, las personas con diabetes que estaban deprimidos tenían un 42 por ciento más de riesgo de sufrir un episodio de hipoglucemia grave y un 34 por ciento más riesgo de tener un mayor número de episodios de hipoglucemia.

Katon dijo que hay dos posibles explicaciones para estos mayores riesgos. Una de ellas es que la depresión conduce a cambios psicobiológicos que causan grandes fluctuaciones en los niveles de azúcar en la sangre, lo cual puede hacer que sea más difícil de prevenir los niveles bajos de azúcar en la sangre.

La otra posibilidad es que la depresión conduce a una falta de interés en el auto-cuidado que hay que gestionar bien la diabetes. "Las personas que están deprimidas tienen menos probabilidades de probar sus niveles de azúcar en la sangre con regularidad. Pueden adherirse a la medicación tan bien. Les puede olvidar si se les han quitado, y luego terminar tomando una dosis adicional", dijo Katon.

Otro experto, Eliot LeBow, un terapeuta con una práctica centrada en la diabetes en la Ciudad de Nueva York, y un tipo 1 diabetes sí mismo, de acuerdo en que "la depresión puede afectar la capacidad de una persona para manejar su diabetes." Sin embargo, dijo que no era una pieza importante de información que falta en el estudio: la cantidad de educación en diabetes que una persona ha tenido. Las personas que han tenido más educación sobre la diabetes probablemente serían menos propensos a tener un episodio de hipoglucemia grave, LeBow sugirió.

También señaló que los síntomas de azúcar en la sangre pueden parecerse mucho a los síntomas de depresión . "A veces, cuando usted hace algunos cambios en la forma en que alguien está manejando su diabetes, la depresión puede levantar", dijo LeBow.

Ambos expertos coinciden en que las personas con diabetes que están deprimidas tienen que buscar ayuda. Y, afortunadamente, hay tratamientos disponibles - psicoterapia y medicamentos. Katon dijo que hay medicamentos para la depresión que no afectan significativamente los niveles de azúcar en la sangre.

Según el Instituto Nacional de Salud Mental EE.UU., los síntomas de depresión incluyen:

Tristeza a largo plazo, la ansiedad o desesperanza.
Los sentimientos de culpa e inutilidad.
Una pérdida de interés en actividades que antes disfrutaba.
Del sueño y el apetito cambios.
Dificultad para recordar cosas.
Dificultad para concentrarse o tomar decisiones.
Suicidal pensamientos.
Aunque el estudio encontró una asociación entre la depresión y un mayor riesgo de episodios hipoglucémicos, no demuestra que exista una relación de causa-efecto.

Fuente: diabetes.webmd

RSS

Publicidad



RECURSOS

Equipo de Diabetes Hands Foundation

EQUIPO DHF

Manuel Hernandez
(Co-Fundador, Editor, tipo 1.5/LADA)

Mila Ferrer
(Gerente de la Comunidad EsTuDiabetes, madre de un niño con tipo 1)

Emily Coles
(Gerente de la Comunidad TuDiabetes, tipo 1)

Mike Lawson
(Gerente de Experiencias, tipo 1)

Corinna Cornejo
(Gerente de Desarrollo, tipo 2)

Desiree Johnson
(Asistente Administrativa y de Programas, tipo 1)

 

VOLUNTARIOS DHF

Administradores

Jimmy
N@ty

Abraam

Humberto

Comité de Bienvenida y Apoyo

Riega la Voz

Cargando…

© 2014   Una comunidad de personas afectadas por la diabetes, un programa de la Diabetes Hands Foundation.

Emblemas  |  Reportar un problema  |  Términos de servicio