Rubén Omar Sosa escuchó la lección de Maximiliana en un curso de
terapia intensiva, en Buenos Aires. Fue lo más importante de todo lo
que aprendió en sus años de estudiante.
Un profesor contó el caso. Doña Maximiliana, muy cansada por los trajines de una larga vida sin
domingos, llevaba unos cuantos días internada en el hospital, y cada
día pedía lo mismo:
-Por favor, doctor, ¿podría tomarme el pulso?
Una suave presión de los dedos en la muñeca, y él decía:
-Muy bien. Setenta y ocho. Perfecto.
-Sí, doctor, gracias. Ahora por favor, ¿me toma el pulso?
Y él volvía a tomarlo, y volvía a explicarle que estaba todo bien, que mejor imposible.
Día tras día, se repetía la escena. Cada vez que él pasaba por la cama de
doña Maximiliana, esa voz, ese ronquido, lo llamaba, y le ofrecía ese
brazo, esa ramita, una vez, y otra vez, y otra.
Él obedecía, porque un buen médico debe ser paciente con sus pacientes, pero pensaba: Esta
vieja es un plomo. Y pensaba: Le falta un tornillo.
Años demoró en darse cuenta de que ella estaba pidiendo que alguien la tocara.

Este es una historia que me encontre cuando leia "Bocas del tiempo", de Eduardo Galeano.
Muy corta y muy simple que me siempre que la releo me deja pensando en los dias que voy muy acelerado y sin tiempo reflexionar, a mi, que por un lado soy estudiante de medicina, pero tambien paciente (por la diabetes y alguna que otra cosa)

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Respuestas a esta discusión

Casi no viene a cuento, pero lo considero didactico, y creo que podemos sacar una buena lección, porfavor ver este video.Un abrazo



Pepe, no se pegó bien el código de tu video.
Fijate si lo puedes volver a poner.
Un abrazo.
SI, LO VOLVI A INTENTAR,,,,PERO NO LO CONSIGO, LO SIENTO, OTRA VEZ SERA, Un abrazo
Tu respuesta figura como borrada Pepe.
Un abrazo.
Gracias Matías por "tu clase de humanidad". Cuánto mejor sería si tuvieramos todos un poquito más de capacidad de ponernos de vez en cuando en la piel del prójimo.
Un abrazo.
Hola Matias y todos.
Por allí en la red circula una carta de un doc a sus pacientes que muestra su humanidad y frustración con los pacientes que no tienen " cura" en el sentido estricto de la palabra. Si la encuentro la coloco.
Coincido con lo del "pulso" por que me ha tocado peregrinar, como lo llamo yo, de médico en médico, de especialista en especialista y el nivel de "indiferencia" es enorme. Sin embargo he encontrado algunos que no le temen a su propia humanidad y que saben que la "ciencia" está en continuo avance y a veces supone también errores. En ese sentido son capaces de decir " no sé" "investigaremos" y cuando hablan te miran a los ojos. A esos médicos los valoro enormemente.
Su "acompañamiento" ciertamente produce un alivio que se traduce también en salud.

Buen tema... es cierto a veces necesito que me tomen en pulso .. mas en las mañanas en que la piel me amanece un poco sensible al pinchazo de la mañana ... :D

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