Cajas para mujeres embarazadas, adultos mayores, personas discapacitadas y, también, hipo e hiperazucaradas.
La tarde del 24 de diciembre pasado, me trepé a la bicicleta y fui a Walmart, a comprar la que iba a ser mi cena de Navidad: jamón bajo en grasa, un refresco light y un paquete de queso manchego, en rebanadas.
Como ya era tarde, prácticamente con el sol oculto, pues que decidí tomar una vía rápida, la caja destinada a personas mayores, mujeres embarazadas y discapacitados, con mi glucómetro colgado al cuello, como gráfica evidencia de que sí, me asistía el derecho a hacer uso de esa caja.
Pagué rápidamente los tres productos que llevaba y justo detrás de mí, avanzaba un señor fortachón, de estómago no muy prominente, pero sí, algo pasado de kilos y que le dice el cajero, así con cierto recelo, al considerar que el cliente estaba haciendo un uso inadecuado del sistema de cobros del Supermercado: ¿Cuántos meses tienes? Sí, me reí por lo bajo, sabiendo que me había salvado de recibir la pregunta de los 64 mil pesos: ¿Estás embarazado? Porque ni eres un anciano, ni te falta un pie o una mano o un ojo.
Obvio, yo ya traía mi respuesta, a diferencia del cliente fortachón: "Mi Pancreas es discapacitado y una hipoglucemia anda tras de mí, así que cobrame, compa y no digo quién me cobró".
Y sí, me ha tocado tener episodios de hipoglucemia en ese Supermercado, así que el uso de cajas especiales a veces está más que justificado. Yo, por lo pronto, para que no me baje el azúcar en plena compra, me paseo por la sección de frutas y pruebo pedacitos de piña, papaya, naranja, pepino o jícama.Tengo la escusa perfecta para glotonear frutillas.
Etiquetas: adultos, cajas, clientes, discapacitados, embarazadas
Manuel Hernandez(Co-Fundador, Editor, tipo 1.5/LADA)
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